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miércoles, 8 de julio de 2020

El mejor estado de la vida no es estar enamorados, es estar tranquilos


Con el tiempo, solemos descubrir que el mejor estado de la vida no es estar enamorados, sino estar tranquilos.
 Solo cuando una persona logra hallar ese equilibrio interior donde nada sobra y nada falta, es cuando se siente más plena que nunca. El amor puede aparecer entonces si así lo quiere, aunque no es una necesidad obligada.

Resulta curioso como la mayoría de las personas seguimos teniendo como principal objetivo hallar a nuestra pareja perfecta. Cada vez disponemos de más aplicaciones en nuestros dispositivos móviles para facilitarnos esas búsquedas. Tampoco faltan los clásicos programas de televisión en horario de máxima audiencia orientados para el mismo fin. 
Buscamos y buscamos en este vasto océano sin haber hecho antes un viaje imprescindible: el del autoconocimiento.

«Nunca se puede obtener la paz en el mundo externo hasta que hagamos la paz con nosotros mismos»

-Dalai Lama

El hecho de no haber realizado esta necesitada peregrinación por nuestro interior ahondando en vacíos y necesidades, hace que a veces acabemos eligiendo compañeros de viaje poco acertados. Relaciones efímeras que quedan inscritas en la soledad de nuestras almohadas, tan llenas ya de sueños rotos y lágrimas sofocadas. Tanto es así que son muchas las personas que pasan gran parte de su ciclo vital saltando de piedra en piedra, de corazón en corazón, almacenando decepciones, amarguras y tristes desencantos.

En medio de este escenario, tal y como dijo Graham Greene en su novela

 «El final del romance» solo tenemos dos opciones: mirar hacia atrás o mirar hacia delante. 
Si lo hacemos de la mano de la experiencia y la sabiduría tomaremos el camino correcto: el del interior. 
Ahí donde poner en orden el laberinto de nuestras emociones para encontrar el preciado equilibrio.

El mejor estado de la vida es estar tranquilos

La tranquilidad no es ni mucho menos ausencia de emociones. 
Tampoco implica renuncia alguna al amor o a esa pasión que nos dignifica, esa que nos da alas y también raíces. 

La persona tranquila no evita ninguna de estas dimensiones, pero las ve desde esa perspectiva donde uno sabe muy bien dónde están los límites, dónde esa templanza que como un faro en la noche alumbra nuestra paz interior.

– ¡Qué bella es la tranquilidad!-

-Periandro de Corinto


Vivimos en una cultura de masas donde se nos insta a buscar pareja como si de este modo pudiéramos alcanzár por fin la ansiada autorrealización. 

Frases como 
«cuando tenga novia asentará la cabeza» 

o «todas tus penas se aliviarán cuando encuentres a tu hombre ideal», 

no hacen más que anular de forma constante nuestra identidad para erigir una idealización absolutista y errónea del amor.

El mejor estado del ser humano no es pues amar hasta quedar anulado. No es darlo todo hasta que nuestros derechos vitales queden difuminados solo por ese miedo insondable a estar solos. El mejor estado es estar tranquilos, con una adecuada armonía interior donde no quede espacio para los vacíos, para los apegos desesperados o las idealizaciones imposibles.

-Porque el amor, por mucho que nos digan, no siempre lo justifica todo. No si implica abandonarnos a nosotros mismos.
Cómo hallar la tranquilidad interior

Antoine de Saint-Exupéry dijo una vez que el campo de la conciencia es limitado: solo acepta un problema a la vez. Esta frase encierra una realidad evidente. Las personas acumulamos en nuestra mente un sinfín de problemas, objetivos, necesidades y anhelos. 

Lo curioso de todo ello es que hay quien llega a creer que el amor lo soluciona todo, que es ese bálsamo multipropósito que todo lo resuelve, que todo lo ordena.

«En los lugares tranquilos, la razón abunda»

-Adlai E. Stevenson-
Sin embargo, antes de lanzarnos al vacío esperando tener suerte en el amor, lo más adecuado es ir poco a poco. Lo primero será hallar esa calma, esa tranquilidad interior donde reorganizar nuestros puzzles personales para adquirir fuerza y templanza. Reflexionemos ahora en una serie de dimensiones que nos pueden ayudar a lograrlo.
Claves para hallar el equilibrio interno

Lo creamos o no, a lo largo de nuestro ciclo vital siempre va a llegar este momento. Ese instante en que nos digamos a nosotros mismos «deseo calma, quiero encontrar mi equilibrio interior» para estar tranquilos. Es un modo excepcional de favorecer nuestro crecimiento personal y para lograrlo, nada mejor que promover estos cambios.

Lo primero que haremos es aprender a discriminar qué relaciones de las que contamos en este presente, no nos son satisfactorias. Nadie podrá hallar esa ansiada tranquilidad si cuenta con un vínculo dañino entre esos lazos familiares, de amistad o de trabajo.
El segundo paso es tomar una decisión esencial: dejar de ser víctimas.

 En cierto modo, todos lo somos en algún aspecto: víctimas de esos lazos dañinos antes referenciados, víctimas de nuestras inseguridades, de nuestras obsesiones o limitaciones. 
Hemos de ser capaces de reprogramar actitudes para alimentar el coraje suficiente como para derribar todas estas alambradas.
Una vez conseguidos los dos pasos anteriores, es necesario llegar a un tercer y maravilloso escalón. Debemos tener un propósito, una determinación clara y definida: ser felices. 

Hemos de cultivar esa felicidad sencilla en la que uno, por fín, se siente bien por como es, por lo que tiene y por lo que ha logrado. 

Esa complacencia nutrida por las raíces del amor propio nos aportará sin duda un gran equilibrio.

Las personas en cuyo corazón respira el equilibrio y en cuya mente habita la tranquilidad, no ven el amor como una necesidad o como un anhelo desesperado.
 El amor no es algo que llega para rescatarlas, porque la persona tranquila ya no necesita ser salvada. 
El amor es un tesoro precioso que uno encuentra y que decide, por propia libertad y voluntad, cuidarlo como la dimensión más hermosa del ser humano.





viernes, 15 de mayo de 2020

Las cuatro áreas del cambio personal


Según Virginia Satir, una afamada terapeuta familiar, hay cuatro áreas que influyen en los cambios que hacemos en nosotros mismos:
autoestima, comportamiento, responsabilidad y comunicación.

En este artículo aprenderás a gestionar mejor los cambios personales.

Las cuatro áreas del cambio personal

1.- Autoestima

El amor que sientes hacia ti mismo. Si tienes una alta consideración de ti mismo, te verás más animado a emprender cambios y te sentirás mejor cuando los estés llevando a cabo.

Recuerda que los cambios siempre ofrecen resistencias, por lo que es importante que te sientas bien a gusto en tu intimidad para sortearlas mejor.

El nivel de tu autoestima respondería a las preguntas: ¿Cómo te sientes? ¿Cómo te tratas? ¿Cómo te hace sentir el cambio y todo lo que conlleva?


.- Comportamiento

Relacionado con las pautas, sobre todo con las inconscientes, que utilizas a la hora de manejar tus sentimientos.

¿Qué haces con tus sentimientos? ¿Te pertenecen o se los atribuyes a otros? ¿Actúas como si sintieras algo que no sientes? ¿Como si tus sentimientos pertenecieran a otros o tuvieras que cumplir un papel?

Estas preguntas te ayudarán a analizar mejor tu conducta cuando estés en el proceso del cambio.

3.- Responsabilidad

¿Alguna vez te has preguntado cómo reaccionas al hacer cosas nuevas y distintas? 
El cómo lo hagas tiene que ver con cómo te responsabilizas de ti mismo, de tu aprendizaje y de la forma en que cambias.

Es muy conveniente que reflexiones sobre ello y practiques con la novedad. ¿Cuántas maneras diferentes de caminar, hablar o pensar puedes practicar hoy? ¿Qué resultados obtienes?

4.- Comunicación

¿Cómo haces para que los demás te comprendan? 
Si mejoras la forma que tienes de darte a entender, mejorarán tus relaciones personales y la gestión del cambio será más agradable.

Ten en cuenta que los demás están familiarizados con tu forma tradicional de ser y expresarte, y por tanto advertirán los cambios, te lo harán saber e incluso se opondrán tal y como te contamos en el artículo "El enemigo está en casa".

Una buena comunicación te facilitará la tarea.
Si mejoras un área, mejoran las demás

Además, lo bueno de todo esto es que se trata de un sistema interconectado: cualquiera de las áreas influye en las otras tres.

Si mejoras tu autoestima, influirás en tu manera de comunicarte con los demás (querrás decir al mundo cómo te sientes), cambiarás tus comportamientos siendo más honesto con tus sentimientos y serás más responsable de ti mismo, pues te apetecerá probar experiencias nuevas y asumir más riesgos.

Te animo a que elijas una de las cuatro áreas y comiences a practicar con el objetivo de mejorar tus cambios personales.

Por ejemplo, puedes decidirte a correr o hacer dieta a la vez que te enfocas en elevar tu autoestima. O empezar una aventura laboral al tiempo que cambias la manera en que te comunicas con los demás.

Recuerda que formamos un sistema y que cualquier cambio que hagas en un área influirá en las otras.



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